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Una de cada cuatro personas es adicta a la tecnología

Una de cada cuatro personas es adicta a la tecnología

Creo que todos los que somos mayores de treinta y pico añoramos a Carl Sagan, el hombre que nos llevó al espacio y nos hizo viajar al futuro sin movernos del sofá. También nos enseñó a que lo amplio y general o lo universal (el cosmos, las estrellas, los planetas…) eran conceptos que nos acercaba a comprender lo pequeño, lo concreto y particular. A nosotros mismos. Sagan siempre mostró una postura ambivalente frente a la tecnología, herramienta de descubrimientos por un lado y yugo esclavizante por otro, en caso de mal uso o abuso. Respecto al hombre y la tecnología, el científico, divulgador y presentador estadounidense señalaba que “vivimos en una sociedad que depende en una enorme medida de la ciencia y la tecnología y, sin embargo, nadie conoce nada de estos temas”. Para Sagan esto era una “fórmula segura para el desastre”.

La dependencia tecnológica es un problema propio del hombre desde la Revolución Industrial y que no ha hecho más que crecer en los últimos años. En el ámbito laboral casi parece haber conseguido esclavizar más que liberar. Y es que de acuerdo con el ‘Barómetro’ de la firma Edenred sobre clima laboral, 9,5 de cada diez directivos y 8,2% de cada diez empleados reconocen que las nuevas tecnologías (telefonía, comunicaciones, Internet…) hacen que le dediquen más horas de las que desearían a su trabajo, confundiendo en ocasiones la frontera entre tiempo de descanso, ocio y vida familiar con el de trabajo efectivo.

Los expertos incluso llegan a referirse a casos de verdadera adicción a las nuevas tecnologías que, incluso, empiezan desde muy pronto. Ansiedad, agresividad o dificultades para dormir son algunos de los síntomas habituales de aquellos(as que han pasado la frontera entre el uso y el abuso de las nuevas tecnologías.

De hecho, un organismo tan poco “sospechoso” como la Organización Mundial de la Salud apunta a que nada menos que el 25% de las personas sufren de problemas de dependencia de las nuevas tecnologías en mayor o menor medida.  En esta línea, la asociación Protégeles advertía recientemente que el 21,3% de los adolescentes en España está en situación de riesgo de padecer problemas de adicción a Internet.

En este caso el rol de los padres y tutores está claro. Deberíamos seguir el ejemplo del hombre con el que comenzábamos este post, Carl Sagan. Él nos enseñó a vivir en otros mundos, cercanos y lejanos a la vez. Tal vez debamos nosotros, ahora, empezar a vivir en nuestro mundo, cercano y a veces tan distante y dejar de lado durante un rato nuestro móvil u ordenador.

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